No sé si a veces tenemos poco tiempo para hacer montaña o el problema es que nos sobra pasión, posiblemente ambas cosas confluyen. Para muchos, quedar a finales de mayo con ún día de calor a las 15:30 para irse a hacer un barranco en la Sierra de Crevillente debe ser de gente bastante frikie, pero para nosotros, la posibilidad de quedar con los amigos y de disfrutar buscando la felicidad hace que nos brillen los ojos y que saquemos la mejor de nuestras sonrisas.
Claro que desde el sofá se ve todo muy bonito pero cuando subía la puñetera cuesta que llegaba al collado del Campanar me iba acordando del plato de pasta comprada en el Aldi que me había metido al cuerpo una hora antes y perjuraba que a partir de ahora sólo compraría marcas que hubiesen pasado un test sanitario. Al igual que en "Tocando el vacío" unas palabas martilleaban mi cabeza; en éste caso las indicaciones del GIM " eviteu dias de molta calor".
Finalmente nos juntamos Gussi, Fran, Jose Vicente, Juanjo, Emilio, Roca y el enfermo terminal que firma éstas líneas. El barranco, como los demás de la Sierra de Crevillente es muy interesante desde el punta de vista geológico porque a nivel deportivo es bastante soseras. Basta pensar que de los 6 rápeles, 3 se pueden destrepar.
Lo mejor, saber que en unos dias Emilio estará disfrutando del aire de la Cordillera Blanca del Perú y que podrá saludar al Alpamayo y al Huascarán y decirles que no cambien y continúen atrayendo nuestros sueño.
Para un día que nos dejan salir de casa habrá que echar unas fotos
El último rapel, 18 metros que se pueden subir escalando
Roca, posando como los alpinistas de las fotos de blanco y negro
Emilio, fuerte como su camiseta
Bonito, todo me parece bonito
El Nissan Team, subiendo peldaños en su historial montañero.
Practicas de autorrescate
Juanjo Llorca, ultramaratón man
Otro que le dió por ir al barranco en un día de calor















